Sin presupuestos al voleo: cómo es la primera conversación conmigo
En vez de un PDF por mail, una llamada de 30 minutos. Un número sin entender tu negocio es humo: primero hablamos, después viene el número.
Te quiero contar cómo armo los presupuestos. Y la primera regla es simple: en vez de tirarte un número por mail, hacemos una llamada. Para los dos es mejor, y enseguida te explico por qué.
Treinta minutos antes de cualquier número
Siempre hay una llamadita primero. Si estamos cerca, nos juntamos a tomar un café o te pasás por mi oficina, sin problema. Pero entiendo que las distancias a veces complican, así que lo más cómodo suele ser una llamada. Sin esa charla de 30 minutos, no hago nada.
Treinta, cuarenta, sesenta minutos, lo que dure. Tratamos de ser expeditivos porque el tiempo importa, pero la charla va sí o sí antes que el presupuesto.
Una llamada, no un PDF por mail
Treinta minutos (o un café) antes de cualquier presupuesto. Sin eso, no hago nada.

Un número sin entender tu negocio no significa nada
No te mando un presupuesto a ciegas. ¿De qué me sirve pasarte un número si no sé de qué va tu negocio? No puedo dimensionar qué vas a necesitar. El número, solo, no significa nada.
Si te tirara un presupuesto antes de saber qué implica tu proyecto, te estaría vendiendo humo. Y eso no es servicio: la conversación previa es, antes que nada, respeto al cliente.
Un número sin entender tu negocio es humo
No te lo mando a ciegas. La conversación previa es respeto al cliente.

Qué pasa en esos 30 minutos
Te pregunto cómo trabajás hoy y dónde apretás: dónde está el problema, por qué me estás consultando. Si llegaste hasta acá es porque hay algo que querés resolver o mejorar con procesos digitales. Hablamos de eso.
Es un ping-pong de preguntas en las dos direcciones: yo te pregunto a vos y vos me preguntás a mí. Y salís de la llamada sabiendo si tiene sentido seguir o no. Yo también. Si te cierra, te paso el presupuesto —por mail o por WhatsApp— y seguimos para adelante.
Cómo trabajás hoy y dónde apretás
Un ping-pong de preguntas en las dos direcciones. Salís sabiendo si seguimos.

Primero hablamos, después viene el número
Presupuestar a ciegas no sirve, ni para vos ni para mí. La charla previa nos ahorra tiempo a los dos y hace que el número, cuando llegue, tenga sentido. Primero nos conocemos; segundo, presupuestamos.
Así de simple: primero hablamos, después viene el número.
Primero hablamos, después viene el número
La charla nos ahorra tiempo a los dos y hace que el presupuesto tenga sentido.

Si te resuena y querés que tengamos esa primera charla de 30 minutos, escribime y la agendamos. Soy Santiago, y nos vemos en el próximo video.
¿Te reconociste en algo de esto?
Si tu negocio ya no entra en una planilla, charlemos 30 minutos. Sin compromiso: te escucho y, si tiene sentido, vemos cómo resolverlo.
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Por Santiago