La resistencia al cambio: cómo se trabaja con un equipo que no lo quiere
Lo ponés en marcha y alguien lo frena el día uno. Trabajar esa resistencia es la mitad humana de cualquier digitalización, y se hace de a poco.
Casi todo lo que tiene que ver con digitalizar genera, al principio, un poco de rechazo. Y está bien que así sea. Trabajar con esa resistencia es la mitad del trabajo de cualquier proyecto de este tipo. Te cuento cómo lo encaro.
El sistema tiene una mitad humana
Toda digitalización tiene dos mitades. Una es digital: armar la herramienta. La otra es humana: que las personas se apropien de ella y la sumen a sus tareas. Y ahí es donde aparecen las colisiones, porque tendemos a rechazar el cambio antes de probarlo.
Lo ponés en marcha y alguien lo frena el día uno. Puede ser un empleado, un colaborador, o vos mismo. La frase es siempre parecida: "hace veinte años que trabajo de una manera, ¿y ahora me la venís a cambiar?". Es un tema real, y en algunos casos difícil. Por eso conviene encararlo con cabeza.
El que lo tiene que usar, no lo quiere
Lo ponés en marcha y alguien lo frena enseguida. No tiene nada de raro.

No comuniques tareas nuevas: contá lo que viene a resolver
Acá va un consejo clave: tenés que ser pillo y vender el sistema. Cuando le anunciás al equipo que vas a poner algo en marcha, no hables de todo lo que tienen que aprender a hacer. Hablá de lo que viene a resolver. De esos dolores de cabeza de siempre, esa parte del trabajo que es un lío y donde siempre hay errores.
Cuando lo contás así, la gente dice "ya quiero usar eso". Por eso es tan importante digitalizar bien: atacar los puntos débiles, no sistematizar porque sí. La tecnología no es un capricho de la época: se usa cuando te sirve a vos.
Vendé lo que el sistema viene a resolver
No la lista de tareas nuevas: los dolores de cabeza que saca de encima.

Resistirse es razonable (sí, leíste bien)
Cuando decís "voy a automatizar esto que venía haciendo fulano", fulano se puede sentir mal: "¿tan mal lo hago que me ponés una máquina?". Ahí está la clave de cómo lo decís. No es que lo haga mal. Es que querés que lo resuelva más fácil, que tenga una herramienta que lo ayude.
El punto de partida es la empatía, no el fastidio. "No es para que lo hagas mejor, es para que trabajes más cómodo." Le decís eso y quedaste como un campeón, porque le estás diciendo que querés ayudarlo. Vos conocés a tu equipo: sabés quién se lo va a tomar bien y quién mal, y ese laburo de leerlos es parte del cambio.
No es que lo hagas mal: es para que estés cómodo
La persona se siente cuestionada. El punto de partida es entender, no irritarse.

Se trabaja de a poco: una persona piloto, ganancias chicas
Una forma que funciona es arrancar con una sola persona usándolo, e ir viendo las ganancias —no de plata, sino de lo que aporta al trabajo—. De a poco se suman los demás. En mi experiencia, casi siempre hay que dar un empujón, porque si no nadie lo prueba; pero ese empujón va acompañado de explicar bien los beneficios, nunca por capricho.
Después está lo lindo: meses más tarde, la misma persona que no quería saber nada te dice "la verdad, estuvo buenísimo haberlo hecho". También ayuda armar roles distintos dentro del sistema, para que cada uno tenga solo lo que necesita y no se maree con funciones que no le sirven.
No se impone, se acompaña
Una persona piloto, ganancias chicas y visibles, y los demás se van sumando.

Si estás por poner algo en marcha en tu equipo y ya ves venir la resistencia, escribime y lo pensamos juntos. Soy Santiago, y nos vemos en el próximo video.
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Por Santiago